Imbolc, mundo nórdico y miradas desde América del Sur
Por David Letelier
ABSTRACT
Este artículo examina críticamente la idea de un supuesto “San Valentín celta”, situando el 14 de febrero en su contexto histórico real: una construcción cristiana y medieval influida por tradiciones romanas como la Lupercalia. A partir de fuentes académicas especializadas, se analiza Imbolc, festividad gaélica celebrada el 1 de febrero, vinculada al retorno de la luz, la fertilidad y la figura de Brigid, destacando su carácter estacional y comunitario más que romántico.
El estudio amplía la perspectiva comparando el mundo celta con el ámbito nórdico —donde celebraciones como el Dísablót y los cultos asociados a Freyr estructuraban la fertilidad y la renovación— y con culturas de América del Sur prehispánica, cuyos calendarios agrícolas y ceremonias estacionales enfatizaban la reciprocidad, el equilibrio y la continuidad de la vida.
Se concluye que, aunque no existió un “día del amor” equivalente al 14 de febrero en estas tradiciones, sí hubo una comprensión transversal del vínculo humano integrada a los ciclos naturales. El actual San Valentín emerge, por tanto, como una construcción histórica posterior, distinta de las cosmologías estacionales que articularon fertilidad, comunidad y territorio en diversas culturas del mundo.
SAN VALENTIN

*Reliquias de San Valentín en la Iglesia de Santa Maria in Cosmedin (Roma)
El 14 de febrero, tal como lo conocemos hoy, no tiene origen celta. Su configuración histórica está vinculada al martirologio cristiano de San Valentín y a la resignificación medieval del amor cortés, sobre un calendario que absorbió celebraciones romanas como la Lupercalia.
Sin embargo, en el calendario gaélico sí encontramos una festividad cercana en fecha y profundamente simbólica: Imbolc, celebrada tradicionalmente el 1 de febrero.
IMBOLC: LUZ, FERTILIDAD Y TRANSICIÓN ESTACIONAL
Las fuentes medievales irlandesas y los estudios contemporáneos sobre religión celta coinciden en que Imbolc marcaba el momento intermedio entre el solsticio de invierno y el equinoccio de primavera. Se asociaba a la fertilidad del ganado -especialmente la lactancia de las ovejas- y al retorno progresivo de la luz.
La festividad estaba vinculada a Brigid, figura de enorme relevancia en la tradición irlandesa, relacionada con el fuego, la poesía, la sanación y la protección del hogar. Con la cristianización, esta figura fue sincretizada en Santa Brígida de Kildare, cuyo culto mantiene elementos simbólicos precristianos.
No se trataba de una celebración del amor romántico, sino de un rito de renovación cósmica y comunitaria.
MUNDO NORDICO: FERTILIDAD Y CICLOS SAGRADOS

En el ámbito escandinavo, las sociedades nórdicas también estructuraban su calendario en torno a celebraciones estacionales. El festival de Dísablót, celebrado a finales del invierno en honor a las dísir (entidades femeninas asociadas al destino y la fertilidad), compartía esa dimensión de renovación y prosperidad.
Asimismo, las grandes festividades como Jól (Yule) y las celebraciones primaverales vinculadas a Freyr -divinidad asociada a la fertilidad y abundancia- reflejan una cosmovisión donde el amor y la fecundidad estaban integrados al equilibrio natural y agrícola, no a la noción romántica individual moderna.
No existe en la tradición nórdica una fecha equivalente al 14 de febrero como “día del amor”, pero sí una profunda ritualidad en torno a la fertilidad y la continuidad de la vida.
AMÉRICA DEL SUR: CICLOS NATURALES Y VINCULOS COMUNITARIOS

En América del Sur prehispánica, las celebraciones estacionales también estructuraban la vida espiritual y social. En el mundo andino, por ejemplo, los calendarios agrícolas regulaban rituales dedicados a la fertilidad de la tierra y la reciprocidad comunitaria, como el Pawkar Raymi (fiesta del florecimiento) en el ámbito quechua.

*Mural de Nacho Nass
Más al sur, pueblos como los mapuches articulaban su espiritualidad en torno al itrofill mongen (equilibrio, respeto, cuidado y conservación de todas las formas de vida de manera integral e interdependientes entre sí) y ciclos naturales que estructuraban ceremonias comunitarias ligadas a renovación y continuidad (Bengoa).
En ninguno de estos casos encontramos una festividad equivalente al “Día de los Enamorados” moderno. Lo que sí aparece transversalmente es una comprensión del amor como parte de un tejido mayor: territorio, comunidad, fertilidad y continuidad.
CONSTRUCCION HISTÓRICA POSTERIOR

La asociación del 14 de febrero con el amor romántico se consolida en Europa medieval, especialmente a partir del siglo XIV, cuando autores como Geoffrey Chaucer vinculan la fecha con el emparejamiento de aves y el amor cortesano.
Así, el “San Valentín” contemporáneo es resultado de capas sucesivas: mundo romano, cristianismo medieval y cultura moderna.
En contraste, las culturas célticas, nórdicas y sudamericanas compartían algo más profundo y transversal: una lectura sagrada del ciclo natural, donde fertilidad y vínculo eran parte de una cosmología integral.
Más que un día del amor, era una estación del renacer.
"Romeo y Julieta" Frank Bernard Dicksee.
Artículo: SAN VALENTIN, AMPLIANDO LA MIRADA
Imbolc, mundo nórdico y miradas desde América del Sur
Por David Letelier
Fuentes
- Britannica – “Imbolc”
https://www.britannica.com/topic/Imbolc - National Museum of Ireland – St Brigid traditions
https://www.museum.ie - Price, Neil – The Viking Way (Oxbow Books)
- Dísablót: The Sacred Viking Ritual for the Dísir
https://thenorseway.com/ - Rostworowski, María – Historia del Tahuantinsuyo (Instituto de Estudios Peruanos)
- Zuidema, R. Tom – The Ceque System of Cuzco (Brill)
- Bengoa, José – Historia del pueblo mapuche (LOM Ediciones)
- Weke, Jorge - Itrofill Mogen: toda la vida sin excepción
https://endemico.org/itrofill-mogen-toda-la-vida-sin-excepcion/ - ChileCelta - Nota: ST BRIGID’S DAY Información e imágenes obtenida de Embajada de Irlanda en Chile y https://www.ireland.ie/en/st-brigids-day/