Crónica: LUAR NA LUBRE EN CHILE
Un reencuentro inolvidable con 40 años de música celta.
Por David Letelier
Fotografías: Claudia Riquelme
La noche del 7 de marzo de 2026 sin duda quedará grabada en la memoria del público chileno. El esperado reencuentro con la legendaria agrupación gallega Luar Na Lubre que regresó a nuestro país para ofrecer un concierto profundamente emotivo titulado “Lubre”, una gira internacional en celebración por los 40 años de trayectoria, una travesía musical que los ha llevado a reencontrarse con el público chileno al sur del mundo.
La tercera visita de la banda a Chile fue un hecho que no pasó desapercibido para quienes han seguido durante décadas la historia del conjunto por lo que la expectativa se sentía desde antes de que comenzara el concierto, con una audiencia diversa y entusiasta que sabía que estaba frente a un momento especial e histórico.
Una apertura sinfónica a cargo de la Academia de
Formación Musical de Santiago dirigida por Gorki Largo acompañado de músicos
“celtas” chilenos como Vinicius Burgos, Paulo Bahamondes y David Letelier en
gaitas, Albert Castillo, Pamela Padilla, Daniela Cancino, Leo Valderrama y
Alejandro Aros en percusiones, Faustina Pinto y Claudia Riquelme en voz, Javier
Díaz en cuerdas y Nadia Cancino en flauta, prepararon el ambiente para la
aparición de la banda gallega a los sones de dos obras de Rodrigo Romaní. Un
momento particularmente significativo fue la interpretación del icónico himno
“O son do Ar” cargada de solemnidad y sensibilidad e interpretada en conjunto
con Bieito Romero Dieguez, Brais Maceiras, Nuria Naya, músicos de Luar Na
Lubre, abriendo el camino para lo que sería una noche de profunda conexión
musical.
Cuando finalmente Bieito Romero y la banda subieron al escenario la sala se
llenó de una emoción y alegría inmediata, pues no eran solo gaitas, violines,
percusiones y voces, sino una cariñosa remembranza que comenzó a desplegar ese
inconfundible paisaje sonoro que nos traslada al hogar, al inicio de “lo celta”,
esa calidez y musicalidad característica que ha definido al grupo durante
cuatro décadas.
Cada pieza fue recibida con aplausos sinceros, y en muchos momentos, el público acompañó con un silencio atento, respetuoso y hasta con lágrimas contenidas, consciente de estar viviendo una experiencia musical única.
A lo largo del concierto, la
banda recorrió a través 17 canciones, distintas etapas de su historia, evocando
paisajes de mar, migraciones y memoria, abriendo con “Fonte do Araño” y pasando
por emblemáticas canciones como “Chove en Santiago”, “Camariñas” y “Canteixeire”
entre otras, para sorprendernos con otro momento igual de emocionante, la aparición
del gran gaitero chileno Paulo Bahamondes para acompañar a la banda en la
muiñeira final de “O Son de Ar” demostrando que su calidad musical está a la
altura de cualquier banda, sin duda algo merecido y para no olvidar.
La comunicación con el público fue cercana y cálida, con un sonido e interpretaciones impecables que conjugadas, generaron una atmósfera donde la música parecía tender no solo un puente, sino una puerta directa entre Galicia y Chile.
La noche sin embargo también tuvo un momento amargo. Cuando el concierto apenas cerraba y el público seguía completamente entregado a la experiencia, el Centro Cultural Ceina decidió dar por cumplido el horario y el espectáculo, interrumpiendo un momento que se sentía aún lejos de terminar. La decisión generó desconcierto entre los asistentes, en la banda y en el equipo de ChileCelta, dejando con esto, la sensación de que una noche extraordinaria fue abruptamente detenida, como robada antes de tiempo y dejando algunas preguntas abiertas respecto al criterio y al respeto que artistas de esta talla internacional merecen: ¿Resultaba imposible flexibilizar el horario con una banda que se ha convertido en una institución, con 40 años de trayectoria y un referente mundial que ha influenciado a prácticamente todas las bandas de música celta actuales?; ¿Hubiese sucedido lo mismo o bien se hubiese usado el mismo criterio con Inti Illimani, Los Jaivas o bandas de similar trayectoria e influencia musical? A opinión personal, el famoso “verás cómo quieren en Chile” se guardó en un baúl junto con el buen criterio y el respeto a la trayectoria y nuevamente nuestro país queda al debe con la cultura y con el homenaje que merecía esta histórica agrupación. Sin duda un sabor agraz.
Aun así, la intensidad del
encuentro logró imponerse por sobre ese episodio que se vivió tras bambalinas.
El público despidió a la banda con largos aplausos, consciente de haber sido
parte de una presentación especial dentro de una gira histórica. Tras su paso
por Chile, Luar Na Lubre continuó su
viaje rumbo a Argentina, llevando consigo
el eco de una noche que, pese a su cierre inesperado, reafirmó el profundo
vínculo que existe entre la música atlántica y el público latinoamericano,
estrechando aún más los lazos de amistad que con los años se han construido.
Para la comunidad reunida en torno a ChileCelta, este concierto no fue solo una fecha más en la agenda musical: fue un reencuentro con la historia viva de la música celta, un reencuentro con la banda con que crecimos, un reencuentro con amigos, de esos que se guardan en el corazón, una celebración de cuatro décadas de arte y un recordatorio de que hay músicas capaces de cruzar océanos y tocar el corazón de quienes las escuchan.












Crónica: LUAR NA LUBRE EN CHILE
Un reencuentro inolvidable con 40 años de música celta.
Por David Letelier
Fotografías: Claudia Riquelme